El pasado 11 de abril, el Monasterio de Rueda se convirtió en escenario de una de esas experiencias que trascienden el tiempo. La iglesia del monasterio acogió el espectáculo ‘Rematadera’ del bailarín aragonés Miguel Ángel Berna, dentro del programa ‘Aragón, tierra de cultura’, y lo hizo con el aforo completo desde semanas antes de su celebración.
El arte de Berna impregnó el espacio histórico mientras la piedra, el silencio y la historia del monasterio acompañaban cada movimiento. La propuesta del bailarín, concebida como una síntesis de su trayectoria de más de cuatro décadas sobre las tablas, dialogó con la sobriedad y la fuerza del espacio cisterciense. Los asistentes disfrutaron de una atmósfera en la que tradición y contemporaneidad se entrelazaron con naturalidad, mientras la danza desplegaba toda su intensidad.
‘Rematadera’ reúne coreografías de nueva creación junto a algunas de las piezas más representativas del artista, con música original de Alberto Artigas, el músico que ha estado a cargo del apartado musical de la compañía de Miguel Ángel Berna desde hace más de treinta años.
El resultado fue un recorrido emocional por la carrera de Berna, marcado por la elegancia, la energía y el carácter que han definido su estilo.
La celebración de este espectáculo en el Monasterio de Rueda se enmarca en ‘Aragón, tierra de cultura’, un programa promovido por la Dirección General de Cultura, en colaboración con la Dirección General de Turismo del Gobierno de Aragón. Se trata de una iniciativa que busca acercar las artes a todos los rincones del territorio aragonés, poniendo en valor el talento local y el patrimonio cultural de la comunidad. En su edición de 2026, el programa despliega más de un centenar de actuaciones de 15 disciplinas artísticas diferentes en 96 espacios aragoneses. Ofrecer y disfrutar de estos espectáculos es una forma de reforzar el vínculo entre cultura y paisaje.
La jornada dejó una huella difícil de olvidar: la de un diálogo respetuoso entre creación contemporánea y patrimonio histórico, donde el arte no solo se contempla, sino que también transforma el lugar que lo acoge.



